La novela
Una diferencia mínima puede resquebrajar todo un sistema.
A partir de ese recuerdo casi correcto, Elena descubre un totalitarismo que no censura ni encarcela: refina. Alisa los recuerdos, calibra las habitaciones, corrige a las madres y llama mantenimiento a todo el proceso.
En otro punto de la ciudad, Kai Koval, empleado administrativo dentro de la misma maquinaria, ha aprendido lo fácilmente que un castigo puede ocultarse dentro de un procedimiento cortés. Sus caminos convergen en un mundo donde cada pantalla, pared, pulsera y archivo pertenece al Sistema.
¿Qué queda de una persona cuando el poder puede hacer que una copia de su pasado parezca más creíble que la verdad?
Para resistir, Elena debe confiar en aquello que el Sistema considera defectuoso: la memoria imperfecta, las pruebas analógicas, los vínculos no estandarizados y la libertad de seguir siendo ilegible.

